diumenge, 10 de juliol de 2011

Parte 2 / Conciencia 9


Cuando llevaba unos trescientos metros recorridos, ya llegando a la altura de la primera calle que cruzaba la Avenida Central, Jesse escuchó un sonido a su derecha, como el de un cuerpo pesado golpeando contra el suelo, seguido luego por un extraño repiqueteo seco que se iba acercando en su dirección. Se volvió asustado y sin dejar de correr, esperando ver a los saqueadores tras él, pero lo que vio le dejó estupefacto: el perro había vuelto y corría hacia él con agilidad y meneando la cola, esquivando cadáveres y escombros. Si no fuera porque no podía ser, le pareció que el animal sonreía, como haría cualquiera al reencontrarse con un viejo amigo al que hacía tiempo que no veía. Aquello, considerando la situación en la que se encontraba, conmovió a Jesse de tal forma que instintivamente se detuvo y, agachándose, abrió los brazos esperando su llegada mientras sonreía como un tonto.

Cuando llegó junto a él, la bestia ladró un par de veces y se le tiró encima, cayendo los dos sobre el asfalto mientras le lamía la cara.

—Si vuelves a dejarme tirado —dijo Jesse sonriendo poco después, mientras el animal daba saltos a su alrededor con alegría —, te convertiré en hamburguesas. Y no es una coña, socio. Ahora larguémonos de aquí antes de que alguien que haya oído tus ladridos se me adelante.

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