dilluns, 21 de febrer de 2011

Parte 2 - Conciencia / 3


 

Tras recuperar la consciencia y abrir los ojos comprendió que se encontraba tirada en el suelo y, al mismo tiempo, que no recordaba cómo había llegado allí. Aún parpadeando se irguió sobre los codos para observar a su alrededor. Y fue en ese momento cuando se dio cuenta del dolor: incisivo, constante, el cual parecía palpitar sobre su ojo derecho y que le impedía reconocer la escena que la rodeaba. Manchas negras, como gusanos reptantes, parecían moverse sinuosamente en el interior de sus pupilas. Se restregó ambos ojos sin comprender qué le sucedía, pero aquello no mejoró demasiado su visión, aunque sí lo suficiente para poder comprender que estaba rodeada de cadáveres, tirados aquí y allá a lo largo y ancho de la calle.

Se levantó temblando, a causa del dolor lacerante que en esos momentos la recorría de arriba abajo, y observó los cuerpos cercanos: la mayoría parecían pertenecer a soldados o policías. Junto a estos, sobre el asfalto, yacían sus armas y miles de casquillos vacíos. Desvió la vista hacia el edificio que tenía a su izquierda y contempló su propio reflejo durante unos minutos. Su visión pareció ir aclarándose poco a poco, pero aquella mujer que le devolvía la mirada, vestida con un uniforme desgarrado, cubierta de sangre y de múltiples heridas, no le resultaba familiar. No recordaba quién era ni donde estaba. Tampoco qué había sucedido. No recordaba nada en absoluto.

dissabte, 19 de febrer de 2011

¿Porqué lo llaman «creador» cuando quieren decir «parásito»?

Hoy os traigo un interesantísimo artículo, escrito por el escritor Rodolfo Martínez, que habla sobre la Ley Sinde, las páginas de descargas, la propiedad intelectual, etc...













Hola, me llamo Rodolfo y soy escritor.

Publiqué mi primera novela en 1995 y, desde entonces, he publicado dieciséis libros (doce novelas y cuatro antologías de relatos). A lo largo de este 2011 aparecerán mis libros número diecisiete, dieciocho y diecinueve, si todo va bien.
Durante estos dieciséis años he ganado algún premio que otro y algo de dinero.
Para rematar la faena desde hace dos años me he metido a editor. De mi propia obra, en principio, y espero que, con el tiempo, de la de otros.
Así que debería ser un acérrimo defensor del canon y estar aplaudiendo con las orejas ante la reciente aprobación de la Ley Sinde por el Congreso de los Diputados.
Permitidme que os explique por qué no es así.

El proceso de cierre de páginas web estará tutelado por un juez en todo momento
Falso.
Lo único que podrá decidir el juez a lo largo del proceso es si el cierre de esa web vulnera o no un derecho fundamental recogido en la Constitución. Nada más. Ni siquiera podrá opinar sobre si lo que hace esa web que se pretende cerrar administrativamente es legal o no.
¿Garantías judiciales?
Ni una.

La propiedad intelectual es sagrada
Matizable, como poco.
¿O es que el creador crea desde cero? ¿Me vais a decir que el arte, la creación, son posibles sin apoyarse en una tradición previa que abarca varios miles de años? ¿Qué, sin las obras que crearon todos los que vinieron antes que nosotros serían posibles las nuestras? ¿Esa maravilloso novela que acabas de escribir habría sido posible sin un Homero,un Garcilaso, un Shakespeare, un Dumas, un Stevenson o un Joyce?
Es más, ¿sería posible esa novela sin un idioma —pongamos el castellano, por poner uno— que es patrimonio de todos los que lo han hablado hasta la fecha?
Así pues, la propiedad de su obra es suya…. ma non troppo.

El artista tiene derecho a vivir de su trabajo
Falso.
Tiene derecho a intentarlo, como cualquier otro profesional. Como un fontanero, un controlador aéreo, un abogado, un maestro de escuela o un informático. Todos ellos tienen derecho a intentar ganarse la vida con la profesión que han elegido.
Que lo consigan o no dependerá de sus aptitudes y de la demanda que haya para lo que ofrecen.
El artista no tiene derechos ni privilegios especiales

Las descargas gratuitas van a acabar con el arte
Falso.
Existe arte desde que existimos como especie. Y seguirá existiendo mientras existamos como especie.
El artista profesional (que eso, y no otra cosa, es lo que quieren decir cuando dicen simplemente artista) es una figura que tiene menos de doscientos años de existencia. Aparece cuando las circunstancias sociales y tecnológicas (concretamente, la Revolución Industrial) lo permiten y quizá cuando éstas cambien desaparezca. Igual que, con la llegaba del bronce, el tallador de puntas de flecha de pedernal se encontró de pronto con que su profesión no era demanda por nadie.
Esas cosas pasan.
Las descargas, gratuitas o no, no afectan al arte. Afectan, quizá a la industria que se ha creado alrededor de éste. Y es posible que acaben con esa industria, si sigue empeñada en no adaptarse al cambio.
Repito, esas cosas pasan.
Cuando creas una empresa y el modelo de negocio que utilizas se vuelve obsoleto, tienes dos opciones: desaparecer o cambiar el modelo de negocio y adaptarlo a los tiempos.
De paso, podríamos preguntarnos qué clase de tendencias suicidas tiene una empresa que se pasa buena parte del tiempo acusando a sus clientes de ladrones.

Cada vez que te bajas algo gratis impides que el autor gane dinero
Falso.
En la inmensa mayoría de los casos, si no lo tuvieras gratis para bajártelo, simplemente no te lo bajarías. Una descarga gratuita no es una venta menos. Nunca lo ha sido; o, cuando menos, es imposible demostrar que lo es.
El concepto de «lucro cesante», tal como se maneja en la actualidad es, por tanto, engañoso, manipulador y tendencioso.
En realidad, una descarga gratis hoy puede significar una venta mañana. De hecho, así ha sido unas cuantas veces.

Si puedes bajártelo gratis, no lo comprarás, no importa lo barato que sea
Falso.
Ni siquiera es necesario argumentarlo, por otro lado. Basta poner un par de ejemplos como:
Son negocios que ofrecen a un precio asequible cosas que podrías encontrar gratis en la red. Negocios que, por otro lado, funcionan. Y ni de lejos son los únicos.
Así que es de suponer que la gente sí paga cuando el precio es razonable, aunque lo encuentre gratis en otro sitio.

La piratería hace Las descargas gratuitas hacen que la gente no vaya al cine
Falso.
No hace mucho, el representante español de la cadena Yelmo afirmaba que el número de espectadores en las salas durante los últimos años está aumentando.
Y eso, a pesar de que el precio de las entradas es indecentemente elevado.
Quizá entonces es otra cosa, quizá es que

Las descargas gratuitas hacen que la gente no vaya al cine a ver cine español
Falso.
¿La gente no ha ido al cine va a ver Ágora, o El laberinto del Fauno, o Balada triste de trompeta, o la saga de Torrente?
¿O quizá es que la gente no va al cine a ver cierto cine español hecho de espaldas al espectador, al que no le importa una mierda la taquilla y que sobrevive únicamente gracias a las subvenciones?

Por último
Si hay una asociación que resulta directamente contra natura es la de trabajadores y empresarios. Por definición, ambos tienen objetivos totalmente distintos. ¿Por qué entonces en la Sociedad General de Autores y Editores están juntos como si compartieran los mismos intereses? ¿No es absurdo a poco que lo pensemos?
Mientras exista el canon, existirá el derecho a la copia privada. Así de sencillo.
Que se pague por comprar tu disco o tu libro o tu película tiene lógica. Que tengamos que pagarte por prestar ese libro a un amigo o hacerle a un colega una copia de ese disco… va a ser que no, chaval.
El canon no deja de ser una forma de impuesto. Un impuesto gestionado por una entidad privada y que va a parar a los bolsillos de personas privadas, no a las arcas del estado. ¿Qué absurdo legal es ése?
Calcular el valor de algo es muy sencillo: tu producto vale exactamente aquello que el público está dispuesto a pagar por verlo/leerlo/escucharlo. Ni un céntimo más. Si te empeñas en poner precios por encima de eso, no te sorprendas de que el público busque alternativas.
Un creador ofrece unos servicios y, si a sus clientes le interesan, recibe dinero a cambio. Así es como funciona el cotarro. Sus ingresos provienen de lo que sus clientes, sus consumidores, su público está dispuesto a pagar por lo que él ofrece.
El que pretende chupar de la teta del estado ya sea a base de cánones o subvenciones… Eso, señores, no es un creador, no es un artista.
No es otra cosa que un parásito.


© 2011, Rodolfo Martínez

Fuente: http://www.escritoenelagua.com/2011/02/16/%C2%BFpor-que-lo-llaman-%C2%ABcreador%C2%BB-cuando-quieren-decir-%C2%ABparasito%C2%BB/

dijous, 17 de febrer de 2011

Decálogo para escritores que no quieran ser estafados

Estimado escritor/a,

El mundo editorial actual está muy revuelto y la noble intención de publicar un libro se ha convertido para el escritor en un camino lleno de trampas y frustraciones; el proverbial oscurantismo del sector y su tendencia al elitismo son el caldo de cultivo ideal para que surjan infinidad de empresas que se hacen pasar por editoriales. Dichas supuestas editoriales, con el beneplácito del Ministerio de Cultura y de la Agencia Española del ISBN, están estafando diariamente a cientos y quizá miles de escritores noveles que desean ver su obra editada e impresa. Para tomar precauciones debéis seguir los pasos siguientes:


1- Registrad vuestra obra en el Registro de la Propiedad Intelectual de vuestra zona; si no sabéis dónde está, llamad a vuestro Ayuntamiento, que os informará convenientemente.

2- Debéis mandar una copia de vuestra obra a la editorial que elijáis. MUCHO CUIDADO con aquellos anuncios en los que se prometen premios, lectura o edición previo pago de un requisito legal; se trata de una estafa, ENTRELINEAS EDITORES os aconseja que llevéis el mismo original a varias editoriales serias (que éstas también existen) para que lo lean, critiquen, os den un informe de lectura y una valoración.

3- Huid de toda editorial que no esté registrada en la Agencia Española del ISBN (Teléfonos: 91 536 88 34 /35 / 36 / 37. e-mail: agencia.isbn@cll.mcu.es)

Huid de toda editorial que sea de autoedición (autor-editor), números del ISBN que empiecen por 607... ó 609.... Tened mucho cuidado, de no entregar nunca una fotocopia de vuestro DNI, pues pueden falsificar vuestra firma para hacer tu libro como de autor-editor. No firméis ningún papel que la editorial os envíe de la Agencia Española del ISBN, pues automáticamnte el libro será editado como de autor-editor, con lo que se rebaja la valoración y el prestigio de la obra y no podréis venderla en establecimientos como El Corte Inglés, FNAC, etc, y ningún distribuidor querrá distribuir vuestro libro por ser de autoedición.

4- Huid de toda editorial o empresa que no esté registrada ni con un CIF ni con su nombre editorial en el Registro de Patentes.

5- Tened mucho cuidado con los cantos de sirena, es decir, con los aduladores que inflaman vuestro ego y os prometen un futuro esplenderoso en el mundo literario; en muchas ocasiones son desaprensivos que se aprovechan de vuestra ilusión por ver la obra editada y sólo tienen el objetivo de lucrarse. El resultado suele ser una depresión, porque ni veréis el libro editado, ni promocionado ni vendido (y en algunos casos ni siquiera impreso).

6- Huid de toda editorial que no esté registrada como tal, con el epígrafe 41 ni sea conocida en la Agencia Española del ISBN, CEDRO, Ministerio de Cultura, Librerías, etc...

7- Huid de toda editorial que no haga contratos de edición, distribución, etc... Desconfiad de aquellos contratos que no indiquen las características técnicas de vuestro libro: tirada, cantidades, papel, tintas, encuadernación, diseño de cubierta, solapas, plastificados ni otros aspectos como: precio de venta al público, promoción, presentación en medios de comunicación, reseñas de prensa a revistas culturales y especializadas, presentaciones, invitaciones, marketing, carteles, asesoramiento post-producción, venta en todo tipo de librerías (Corte Inglés, Casa del Libro, FNAC...), presencia en portales como amazon.com, etc...

8- Huid de toda editorial o empresa que os exija pagos por adelantado para que podáis ver vuestra obra editada.

9- Huid de las prisas. Os aconsejamos un buen asesoramiento: confiad en aquellas editoriales que os ofrecen todos los servicios que una editorial debe tener: correctores ortográficos, correctores de estilo, maquetistas, diseñadores, ilustradores, departamentos de lectura, gabinetes de prensa y comunicación, marketing, imprentas, webs, distribución...

10-Que vuestro talento y vuestra imaginación vayan unidos a la prudencia y la precaución. Un buen libro puede quedar para siempre en el olvido si cae en las manos de aquéllos que, sin serlo, por editores se hacen pasar.


Carmelo Segura (editor)

Fuente: Eraseunavez.org

2. Alma



Ella fue la segunda.

Aquella misión en la jungla colombiana la destruyó y la hizo renacer. Nunca más volvería a ser la misma.

Diego Leon Montoya Sánchez. Diego Montoya. Diego Sánchez-Montoya. "Don Diego". "El Señor de la Guerra". "El Ciclista". Todos nombres y apodos del mismo hombre. El hombre por el que ahora avanzaban calados hasta los huesos por la húmeda ciénaga que cubría la ribera oeste del río Magdalena. El hombre por el que el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América ofrecía cinco millones de dólares.
Hacía tres días que habían dejado atrás la ciudad de Barranquilla, así como varias aldeas donde no se habían detenido, y dos que el auto los dejó donde comenzaba un sendero apenas visible que se internaba en la espesura hacia el nordeste. El conductor se despidió de ellos dando la vuelta al coche y observaron en silencio como se alejaba por la carretera que llevaba a Sincelejo.
El sendero que se perfiló vagamente ante ellos se conocía desde principios del siglo veinte como la Ruta de los Tronqueros.
Llevaban varias horas de marcha siguiendo a Pedro, que avanzaba en cabeza, y detrás iban Roberto y Nícolas. Alma iba algo rezagada. Le costaba mantener el paso en aquel ambiente tan húmedo y caluroso. Le faltaba el aire.
Era su primera misión más allá de la frontera mexicana, pero sus compañeros ya tenían experiencia.
Pedro Millano era colombiano y se conocía esa parte de la jungla como la palma de su mano, o eso les había asegurado el agente Graves, que les había puesto en contacto con él. Era el mejor guía que podían encontrar en la província para esa misión. Además, ya había trabajado para la DEA en otras ocasiones.
Roberto Azpeitia y Nícolas Sánchez eran compañeros desde hacía cuatro años, y habían pasado prácticamente enteros los dos últimos en la frontera sur entre Bolivia y Brasil.
-Más vale que te acostumbres -le dijo Nícolas de repente, deteniéndose junto a un gran tronco caído y dirigiéndole una sonrisa sincera -. Si te han mandado aquí quiere decir que los de arriba tienen planes para ti en sudamérica, y más concretamente en junglas como la que estamos cruzando. Siempre que salgas de ésta, claro.
Alma se detuvo a su lado, agradecida por esa pequeña parada por corta que fuera. Miró a Nícolas, le devolvió una sonrisa algo desencajada, y cogiendo aire retomó la marcha.

Alma de la Rosa Vílchis, nacida en Mazatlán, México, era una agente de la DEA desde hacía dos años, pero hasta hacía cuatro meses su función en la Agencia Antidrogas había sido más bien administrativa. Hasta que algo sucedió en Colombia y desapareció sin dejar rastro todo un equipo de agentes encubiertos que trabajaban en la província de Magdalena.
Los últimos informes que llegaron a la central de Mérida, donde Alma estaba asignada, decían que habían logrado situar el escondrijo de "Don Diego" junto al río Magdalena, tres días al sur de Barranquilla, cerca de una aldea casi despoblada llamada Cugotal. Después de ese último comunicado no hubo notícia alguna del equipo. O "Don Diego" o la jungla se los había tragado.
Se esperó el tiempo estándar, dos semanas, antes de crear un nuevo equipo y dar por perdido definitivamente al anterior, junto con la mayor parte del trabajo que éste había desarrollado a lo largo de una operación en que se habían invertido siete meses y casi un millón de dólares americanos. Por fortuna tenían un destino, un punto marcado en un mapa, aunque nada aseguraba que su objetivo siguiera allí. Debían moverse deprisa.
El nuevo equipo debía estar formado por agentes que no hubieran operado antes en Colombia ni establecido ningún contacto con la gente de "El Señor de la Guerra", cosa que limitaba bastante la elección de sus integrantes. Diego Leon Montoya Sánchez, como presunto líder del cártel colombiano Valle del Norte, tenía esbirros por toda Colombia, parte de Venezuela, el norte de México y en gran parte del sur de los USA, a lo largo de la frontera. El cártel Valle del Norte era considerado como una de las organizaciones narcotraficantes más violentas y poderosas de Colombia y, aparte de los muchos grupos armados bajo su mando, también contaba con la ayuda de los grupos paramilitares de la derecha e incluso, en ocasiones, de los rebeldes izquierdistas.
Alma era una opción obvia como componente del equipo. Experta en lucha cuerpo a cuerpo y una de las mejores tiradoras de la central de Mérida. Y lo más importante: no tenía experiencia práctica en operaciones de campo, así que era imposible que la relacionaran con la agencia.
La composición del resto del equipo trajo más de un quebradero de cabeza a los de Operaciones, pero la fortuna acudió a ellos en forma de dos agentes recién vueltos de Bolivia, donde habían completado con éxito una misión que les había mantenido dos años alejados de todo. Eran la elección idónea, y se podría decir que el destino les había devuelto a la agencia en el momento oportuno. A Roberto y Nícolas, los agentes en cuestión, no les agradó la idea de tener que volver a la selva cuando acababan de salir de ella, pero les ofrecieron un trato que no pudieron rechazar.
Diego Leon Montoya Sánchez se había convertido en un grano en el culo para el Departamento de Estado de los Estados Unidos, y estaban dispuestos a pagarles, a cada uno, un millón de dólares americanos por su captura, además de asegurarles una prejubilación en algún lugar tranquilo de los USA con nuevas identidades cuando regresaran.
Desgraciadamente, jamás llegarían a disfrutar de la recompensa.

La primera noche en la jungla, Alma apenas pudo conciliar el sueño. Demasiados sonidos extraños rodeaban el claro donde se habían detenido para pasar la noche. Sus compañeros, en cambio, dormían como troncos. Les envidió al alba, cuando la despertaron para proseguir la marcha.
Roberto se le acercó mientras Nícolas y Pedro bebían café enlatado un poco más allá. No podían hacer fuego para evitar ser descubiertos, por lo que la DEA les había suministrado una gran cantidad de latas de acción reactiva las cuales, al ser abiertas y entrar en contacto un compuesto químico de su interior con el oxígeno, creaban una reacción que calentaba su contenido al instante. Casi toda la comida que llevaban estaba en latas, al igual que el café que le ofreció Roberto.
-Parece que no hayas dormido nada -dijo él, y se llevó su lata de café a los labios.
-No estoy acostumbrada a todos esos ruidos -respondió ella, seca -. Pero me acostumbraré.
Roberto sonrió, volvió la cabeza hacia los demás y los observó unos segundos como si calculara la distancia que les separaba de ellos y la volvió a mirar.
-¿Quieres que te cuente un secreto? -comenzó, bajando el tono de voz -. Yo nunca me he acostumbrado.
Ella le miró, alzando una ceja.
-Entonces, ¿cómo...?
-Tapones -dijo él, mirando a los demás miembros del grupo por el rabillo del ojo y con una sonrisa pícara cruzándole el rostro.
Alma frunció el ceño.
-Nícolas tiene muy buen oído -se adelantó él. Parecía que le leyera la mente -. Ningún sonido sospechoso le pasa desapercibido, aún dormido. Vigila por los dos -añadió, guiñándole un ojo.
-Por ahora, prefiero intentar acostumbrarme. Si no lo consigo ya me agenciaré unos tapones como los tuyos -dijo ella, disimulando una sonrisa.
Nícolas y Pedro, a unos diez metros de ellos, guardaron las latas vacías y empezaron a cargar con el equipo.
-Una cosa -susurró Roberto al tiempo que se cargaba su mochila a la espalda -guárdame el secreto, ¿okey?
-Okey, pinche guasón. Tu secreto está seguro conmigo -respondió Alma asegurando los bultos que componían su equipo.
Pedro y Nícolas la miraron sorprendidos al verla pasar a su lado, adelantándose a ellos.
-¡En marcha, hijos de una chingada, "Don Diego" no les esperará eternamente! -gritó. El café enlatado podía saber a rayos, pero le había dado fuerzas para seguir adelante un día más.

El olor a muerte les advirtió de que habían llegado a Cugotal. Pedro se cubrió la mitad inferior del rostro con un pañuelo y siguió avanzando sigilosamente. Nícolas y Roberto le imitaron y desenfundaron sus revólveres. Alma desenfundó también, consciente de que los lagrimones que inundaban sus ojos, causados por el ominoso olor acre que flotaba en la jungla, le impedirían usar el arma eficazmente. Pero sentir el pesado trozo de acero entre las manos le daba seguridad.
La aldea, si es que se podía denominar así a aquel grupo de casuchas hechas con ramas, hojas y barro, olía como el peor de los vertederos, y su aspecto era mucho peor. Alguien, posiblemente la guerrilla o un grupo de mercenarios contratados por algunos de los cárteles colombianos, había aniquilado a todos sus habitantes. Cuerpos de mujeres, niños, hombres y ancianos yacían descomponiéndose o siendo devorados por las alimañas allí donde habían caído.
Tras un rápido exámen de los cuerpos más cercanos, se percataron de que las heridas letales que presentaban no habían sido hechas con armas de ningún tipo. Parecían mordiscos, y en la mayoría de los cuerpos trozos de carne habían sido arrancados. Roberto observó más detenidamente una de las marcas durante un minuto y se volvió hacia ellos. Su rostro había perdido todo rastro de color y estaba extremadamente pálido.
-Son mordiscos... -confirmó con voz débil, mirando de nuevo las marcas que cubrían buena parte del cuerpo de un aldeano -, son mordicos humanos.
Alma no aguantó más y vomitó a un lado, sujetando el revólver contra las costillas.
Pedro se santiguó y retrocedió unos pasos, observando incrédulo el dantesco espectáculo que se presentaba ante ellos.
-No sabía que hubiera indígenas caníbales en éste país -dijo Nícolas, avanzando tranquilamente entre los cadáveres. Parecía que nada podía perturbar a aquél hombre.
-No los hay -dijo Pedro, sudando copiosamente -. Hay que irse, amigos. Hay que volver a la ciudad.
Roberto y Alma se incorporaron y apartaron la vista de los cuerpos, visiblemente afectados. Nícolas se detuvo junto a una casucha y observó a sus tres compañeros, que permanecían en la imperceptible linea que separaba la aldea de la jungla.
-¡Hay que irse! -gritó Pedro, y empezó a retroceder hacia la espesura.
-Aguarda -dijo Roberto, en un susurro. Se aclaró la garganta y añadió: -No podemos irnos ahora. Tene...
-¡¿Qué no?! ¡Yo me voy! -le interrumpió el guía y, dándose la vuelta, salió disparado hacia el oeste, huyendo de aquel lugar de muerte.
Alma y Roberto se miraron, perplejos.
Nícolas cruzó entre ellos a la carrera y desapareció detrás de Pedro, que se alejaba gritando algo que no comprendían.
-Sin él no saldremos de aquí -susurró Roberto, señalando lo obvio, y se lanzó detrás de los otros dos hombres. Alma los siguió, maldiciendo.