dilluns, 20 de juny de 2011

Parte 2 / Conciencia 5



La mujer sin recuerdos no necesitó mucho para llegar a la conclusión lógica de que pertenecía a uno de los cuerpos policiales de la ciudad y que, probablemente, los hombres que llevaban su mismo uniforme y que yacían como muñecos desmadejados a su alrededor habían sido en vida sus compañeros de unidad. No recordaba a ninguno de ellos ni sintió nada al contemplar sus rostros sin vida y, mientras los estudiaba, se dijo para sus adentros, irónicamente, que tal vez junto a sus recuerdos le había sido arrebatada la capacidad de sentir.

Después de sopesar la situación en la que se encontraba decidió largarse de allí, dirigirse a algún lugar donde hubiera supervivientes que pudieran ponerla al corriente de lo sucedido. La calle donde se encontraba, en ambas direcciones, parecía haber sido un objetivo militar. La planta baja, junto a los primeros pisos de los edificios, parecían haber sido bombardeados y sobre el asfalto todo eran cascotes, cadáveres y vehículos dañados hasta donde alcanzaba la vista. Desvió la mirada hacia los cielos y contempló, con el corazón en un puño, como de entre los gigantescos edificios se alzaban por toda la ciudad columnas de humo negro. La cosa pintaba francamente mal.

Llenó de munición una mochila que había encontrado y que había sobrevivido milagrosamente a la batalla sin un rasguño y se la cargó a la espalda. También se llenó todos los bolsillos de su uniforme. Sus ex-compañeros no la iban a necesitar, se dijo, dedicándoles una última mirada antes de ponerse en marcha hacia lo que creía que debía ser el centro de la ciudad.

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